Parece increible. A veces ni yo misma me lo creo, no puedo ser consciente de hasta donde soy capaz de llegar, hasta donde me arrastra esta enfermedad. Como siempre, o al menos como toda esta última temporada, he vuelto a fracasar en mis propósitos... Soy débil, cobarde. Tomo el camino más fácil; no pensar, olvidar, dejarme llevar... No le pongo fuerzas a luchar y debería.
Sé que estoy enferma, soy consciente. Muy enferma. Y cuando consigo verlo todo desde fuera me impresiona, me impresiona lo escrito, como puedo llegar a pensar, a sentir, a actuar... Leo todo lo que para mí escribo y me asusta mi obsesión, no me reconozco. Ayer, enseñándole a Helena mi desgarrador ritual, hasta yo misma me asqueé. Que tristeza, que decadencia, que pesada enfermedad. Y lo peor, es que ahora mismo, en plena lucha interior, intento orientarlo todo con la parte más lúcida de mis ojos y lo que veo es una enorme cobardía, una firmada derrota. Sé que puedo luchar y puedo vencer, soy más que esto, hay mucho de mí debajo. Pero es difícil, hay que luchar, hay que sufrir. Por eso me engaño y me entrego al no pensar, para contentarme con una escusa barata y no sentirme así tan mal: culpable.
Cuando empecé con esto, con la anorexia, lo que me movía era una ferrea voluntad obsesiva que en ningún momento me permitía fracasar, pues mi meta era llegar a lo más alto y la derrota implicaba culpabilidad. Ahora, tiempo después, sé que desde el momento en que fui consciente de mi enfermedad las tornas cambiaron. La culpabilidad en caso de fracaso ha disminuido, porque ya no es una derrota de mi fuerza de voluntad, sino que me escuso diciendo que es culpa de mi enfermedad... Y así, libre del sentimiento de culpabilidad, me dejo llevar, me autodestruyo poco a poco sin luchar... Si pudiera recuperar esa voluntad ferrea que me llevo a la anorexia y apoyarme en ella ahora para salir de esta espiral...
En realidad, a veces ni siquiera quiero. Me he acomodado en esta decadencia que día a día me consume. Es fácil, sencillo y además no va reñido con la ideología romántica que me atrapa de artista oscuro y fracasado, que como un tonto cobarde se lamenta de su vida y no hace nada para remediarlo... Eso soy yo, en eso me he convertido. Así no puedo seguir, tengo que luchar, pero no puedo. He de recordar la vergüenza en mi habitación con Helena, el sentimiento de muerte, de callejón sin salida, de soledad, de cárcel, de incomprensión, de sucia locura. He de recuperarme a mi misma, pero sé que me engaño, por eso necesito ayuda, porque amo destruirme y por mi misma no soy capaz de parar. Mi única motivación es probarme, ver hasta dónde puedo llegar, cuánto puedo aguantar, cómo me hago pedazos porque no tengo ganas de echarle fuerzas con las que poderme levantar... Evito enfrentarme a mi realidad, escapo, huyo, como una cobarde. En eso me he convertido, en una vaga cobarde que teme enfrentarse a su realidad y que por tanto se escuda en su enfermedad... Enfermedad que ya no sé si yo me he creado para poder fracasar tranquila, autodestruirme en paz, sin culpabilidad. Enferma, estoy enferma y a ratos, tengo miedo.
Siento que no solo me decepciono y engaño a mi misma, sino también a mi alrededor, incluso a vosotras, diciendo día tras día que voy a salir de esto sí o sí y derrumbandome de nuevo. Me siento sucia, mentirosa, fracasada...
Perdonarme, o mejor aún, no lo hagais, a ver si así espabilo o yo que sé.
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