Me gusta esto. No lo puedo negar. Aquí es fácil mecerse en una natural alegría con el sol y una suave melancolía con el frío o la lluvia.
La fuerza de las montañas, del mar.
No es lo mismo, no lo es.
Aquí no hay esa ira.
Aquí no, dentro de mi misma.
Aquí solo hay vida.
Caminaba, no había nada.
La noche caía sin prisa, las últimas luces languidecían. El frio apretaba, te encogía. Te robaba el aliento, la risa. Te lo robaba todo y sangraba la herida.
En las orillas, fumicida, la hierba amarilla, las velas, el humo. No había nada, no quedaba nada. Quizá se pudiera finalmente empezar de cero. Quizás, por fin, ya no había nada que reprochar. Quizás, vida significase algo de pronto y te acariciase como la suave brisa del mar. Quizás. Y es que perderse es sencillo.
El vacío, el tiempo. Al final todo es lo mismo. Me pregunto si algo, algo de todo, es verdaderamente real. Si no lo es todo. Si yo soy un fantasma. Soy no soy.
Camino. A veces, pero no siempre, me dejo llevar. Caigo, lloro y vuelo. No hay orden, principio ni final para quien camina en espiral y todo cobra sentido de pronto, el sentido oculto del caos y por fin te dejas llevar. No hay reproches cuando flotas en el mar y a tu alrededor todo es agua, nada, soledad, felicidad. Paz, solo paz.
Paz y humo.
Humo. El pasado es humo, por eso me gusta tanto.
He llegado a la playa ya. La música comienza a sonar. Puedo sentir las notas desde los dedos de mis pies. Esos que día a día se van deformando porque me empeño en hacerlos caber en una talla 36. Y caminar. Caminar sin parar.
El frío. Otra vez el frío en el camino. A veces desfallecen las energías, caes y toca volver a empezar.
Qué cosas, qué cosas la vida. Cómo poderlo explicar. Creo que al final no se entiende nada y esa es la magia. Preguntar es un laberinto sin final. No consigues ver cuando acabar y no encuentras sentido lógico que guíe tus pasos. Creo que la única meta que hay es caminar, caminar sin parar, no importa a dónde ni por qué, solo a veces con quién, y caminar. Caminar sin cesar. A ser posible, cerquita del mar para que el agua de sus orillas consiga de vez en cuando llegarte a mojar y, con suerte, a empapar, aunque a su vera, resbales muchas veces e, incluso, algunas, te llegues a lastimar.
No importa. Míralo ahí, el mar.
Está la música.
El mar.
El humo.
De vez en cuando Pink Floyd o la Fuga, un buen amigo.
Amor, de vez en cuando, amor, amor allá en el mar.
El mar, la paz, la felicidad.
La paz, el mar.
Me mojo los pies.
Está frío.
Está frío.
Estoy viva.
La orilla.
La espuma.
Mis dedos descalzos brillan mojados al sol.
Hay agua, hay mar, no hay nada.
Estoy yo, suena Pink Floyd, aspiro el humo y siento el hambre.
Vuelo, me dejo llevar.
De vez en cuando, entre las olas, en algún temporal, el agua me ahoga. Otras solo me dejo mojar y, el resto mecer, solo mecer, nadar, comer.
El mar, la paz, la paz.
El mar, la paz, y me dejo llevar, en la orilla, la vida, el mar.
Simplemente el mar.
(Fotos y texto míos, abstenerse de cogerlos sin permiso)
junto al mar... que lejos, pero que cerca parece ahora. Llego a notar la salada humedad.
ResponderEliminarCuídate pequeña
aww q hermosoo me encanto :D
ResponderEliminara veces tengo q relajarme y ser yo sin importar lo q los demas piensen..
gracias x recordarmelo
un beso
como decía Machado "no hay camino, se hace camino al andar", disfruta del trasiego del mar, pero no te ahogues, jeje... Bss
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